MULTITUDINARIA MARCHA EN MEMORIA DE LAS VICTIMAS DE LA NOCHE DEL APAGON Y EN RECLAMO DE JUSTICIA


Página/12

Familiares de los secuestrados-desaparecidos, organismos de derechos humanos, movimientos sociales y políticos marcharon hasta concentrarse frente al Ingenio Ledesma. La citación judicial al dueño de casi todo en ese lugar le dio esperanza a la multitud.
Por Ailín Bullentini
Desde Libertador General
San Martín, Jujuy


Calilegua comenzó a retumbar bastante antes de las 15, cuando las pisadas levantaron el polvo de las calles de ese pueblo de casas bajas a 100 kilómetros de la capital jujeña y el olor a tierra seca –el invierno es temporada seca en este norte– le ganó por algunas horas al dulce olor del veneno que larga la caña de azúcar cuando la trituran en el Ingenio Ledesma. Esquina a esquina, decenas de agrupaciones políticas, sociales y gremiales fueron sumándose a la columna gigante –los cálculos se animan a asegurar la participación de cerca de 50 mil personas– liderada por organismos de derechos humanos que partió, a la hora señalada, desde ese pueblo y recorrió cinco kilómetros por la Ruta Nacional 34 hasta la ciudad de Libertador General San Martín. El recuerdo de los secuestros y desapariciones que sucedieron entre las noches del 20 y el 28 de julio de 1977, cuando se cortó el servicio de energía eléctrica de la compañía de Carlos Blaquier y dejó a ambos pueblos a oscuras, siempre es eje de cada marcha por La Noche del Apagón. Pero ésta, la vigésimo novena edición de la multitudinaria movilización, tuvo un plus: la inminente comparecencia de Blaquier ante la Justicia, la presión que ese pilar de poder ejerce sobre los habitantes es cada vez mayor.

“¿Es cierto lo que dice la radio? ¿Es cierto que lo que esta gente quiere es que Ledesma se vaya de acá?”, preguntó Gisela, una joven que “por no tener una carrera” empaqueta pomelos, mangos y naranjas en la compañía que “es dueña de todo acá”. Si fuera “universitaria o profesional” tendría un empleo de “mayor rango en la compañía, sería técnica o secretaria”. Sentada en el cantero del bulevar principal de Calilegua, aprovechaba las primeras horas de la tarde para acompañar a su hija a dar unas vueltas en bicicleta.

El “esta gente” de Gisela se refiere a los manifestantes, que entonces esperaban en una esquina reunirse con otros compañeros para sumarse a las Madres de Detenidos Desaparecidos del Departamento Ledesma, a las Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos de Jujuy, las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba y Salta; HIJOS de Buenos Aires, La Plata y Tucumán; Adolfo Pérez Esquivel y la nieta recuperada Victoria Montenegro; los hijos de Olga Arédez y el ex intendente desaparecido en los apagones del terror, Luis Arédez; también los diputados de Nuevo Encuentro Martín Sabbatella, Carlos Raimundi y Juan Carlos Junio, entre otros. Muchos continúan regresando a Jujuy para recordar los crímenes de lesa humanidad de aquel julio del ’77, pese a que a mediados de año la Justicia descubrió los nombres de varios de ellos en expedientes en las oficinas de la compañía que prueban espionaje de hombres de Blaquier sobre la movilización de 2005.

A medida que la multitud crecía, Gisela se soltaba. “Acá todos sabemos que hay gente a la que se llevaron en camiones de Ledesma y ya no se supo más de ella, pero la empresa es la única que da todo acá. Si se va, nos morimos”, explicó mientras retomaba camino a casa. No, no se soltó tanto como para sumarse a la marcha. Más temprano, desde el cierre del acto que cada año organiza en la Escuela Normal de Libertador General San Martín –allí en donde enseñó Olga, que caminó alrededor de la plaza del pueblo para reclamar justicia por los arrancados de sus hogares aquella semana en las penumbras de la complicidad del poder económico con los crímenes de la última dictadura militar, y creó la gran marcha en conmemoración de esos crímenes–, la ex presa política Hilda Figueroa, una de las secuestradas durante uno de los apagones, habló de sometimiento. “Blaquier sigue sometiendo al pueblo jujeño aún hoy. A través de Ledesma supo instalar entre la gente la cultura del silencio, de la resignación, del fatalismo”, consideró.

Para la líder de Tupac Amaru y referente de la red de Organizaciones Sociales de Jujuy –que nuclea a 28 colectivos–, Milagro Sala, “la campaña que hace Blaquier es asquerosa, denigrante y triste”, aunque también “demuestra que para nosotros, que luchamos desde siempre por la memoria y la justicia, no cambió nada en estos 28 años, pero sí para ellos. Hace 28 años, Blaquier no estaba a punto de ser juzgado”. La Madre Inés Peña sumó una posible solución, que permanece en práctica desde hace 28 años: “Es la calle el único lugar en el que se puede voltear a este gran enemigo”. La presencia de la gente en las calles, además de la “solidaridad” y la “compañía” en la lucha de los organismos de derechos humanos de otras provincias “nos permitieron llegar al primer juicio oral” por delitos de lesa humanidad en Jujuy.

Sin embargo, Ledesma no regala la disputa en la calle. El miércoles, unas 500 personas se manifestaron en la puerta de la empresa –que hoy ya no sólo es un ingenio azucarero, sino que también fabrica papel, alcohol y bioetanol, y cosecha cítricos para exportar– en pos de la “protección de puestos de trabajo”, comentó Hilario, desde el umbral de su casa en Calilegua. Dijo que eran algunos empleados de la zafra y sus esposas, pero que ni él ni su mujer habían participado. Tampoco lo harían de la marcha por La Noche del Apagón, mencionó excusándose con su nieta bebé dormida en su regazo. “Empezaron cantando Ledesma no se va y terminaron gritando Blaquier inocente. No huele a obreros autoconvocados para proteger sus laburos”, desconfió de la manifestación del día anterior Lucía, una joven militante de la organización barrial Tupac Amaru. En la atmósfera de la manifestación sobrevolaba la versión de que el corte de la Ruta Nacional 34 por una protesta a unos 50 kilómetros de la marcha que provocó el retraso del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda, entre otros, tampoco había sido casual.

“‘Verdad’ es la palabra desarticuladora del terror y el sometimiento. La verdad ha llegado antes que la justicia en estos dos pueblos, en los que más gente fue gritando cada vez más fuerte lo que ocurrió durante los apagones hasta que la Justicia tuvo que escucharlo”, consideró Fresneda. La multitud, que cubrió más de un kilómetro bajo un sol extrañamente agradable de invierno, refuerza la teoría de Fresneda. Las decenas de miles de militantes que no vuelven a compartir espacios por el resto del año, avanzaron lenta pero firmemente sobre la ruta. Unidos, lo que es más importante, ingresaron a Libertador General San Martín y se acomodaron como pudieron en los alrededores de la plaza en la que Olga giraba en soledad pidiendo Justicia y memoria. Cumplieron con un ritual que, en Jujuy, cada julio, borra fronteras ideológicas y políticas.

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